Denominación- Pesos
Año- 2004
Periodo- República de Cuba
Tamaño- 150 x 70 mm
Color- Tono rojos
Anverso- Tenemos la imagen de Ernesto Guevara que es una imagen llamada Guerrillero Heroico, del fotógrafo Alberto Korda, arriba el nombre del emisor junto al sello del Banco Central de Cuba, el valor facial de 3 pesos, y marca de agua de Celia Sánchez Manduley
Reverso- Aparece Ernesto "Che" Guevara cosechando caña de azúcar, con el titulo precursor del trabajo voluntario, en la parte superior Republica de Cuba, y el valor facial de 3 pesos en 3 esquinas
Este billete es un peso cubano (CUP) y es importante tenerlo encuente ya que convide en Cuba con otra moneda llamada peso convertible (CUC)
-El peso cubano y
el peso convertible: dos monedas, una misma realidad
El peso convertible (CUC), por su parte, fue creado para operar en sectores más vinculados al turismo y a los productos importados. Tenía un valor mucho más alto que el peso cubano y estaba, en su momento, cercano al dólar estadounidense, lo que le daba mayor poder adquisitivo dentro del país. Se utilizaba en hoteles, restaurantes y tiendas mejor abastecidas, a las que muchas veces no se podía acceder solo con CUP. Sus billetes se distinguían visualmente por mostrar monumentos en lugar de personajes históricos y por un diseño más moderno, lo que facilitaba reconocerlo frente a la moneda nacional.
Ernesto Guevara de la Serna, conocido mundialmente como el Che Guevara, nació el 14 de junio de 1928 en la ciudad de Rosario, Argentina, en el seno de una familia de clase media con inclinaciones progresistas. Desde temprana edad estuvo influenciado por un ambiente intelectual y político que marcaría profundamente su visión del mundo. Sus padres, Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, fomentaron en él el pensamiento crítico, el interés por la literatura y una sensibilidad especial hacia las injusticias sociales. A pesar de padecer asma crónica durante gran parte de su vida, una condición que le provocaba frecuentes crisis respiratorias, el joven Ernesto desarrolló una personalidad fuerte, disciplinada y decidida, lo que le permitió sobreponerse a sus limitaciones físicas y destacar tanto en el ámbito académico como en sus intereses personales.
Durante su juventud, Guevara se trasladó con su familia a Córdoba, donde inició sus estudios y más adelante ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Fue precisamente durante su etapa universitaria cuando comenzó a perfilarse su conciencia social, influido por sus lecturas de autores marxistas y por la realidad latinoamericana que observaba a su alrededor. Sin embargo, el punto de inflexión en su vida ocurrió a partir de una serie de viajes que realizó por América Latina, especialmente el famoso recorrido en motocicleta en 1951 junto a su amigo Alberto Granado. Este viaje, que lo llevó a recorrer países como Chile, Perú, Colombia y Venezuela, le permitió entrar en contacto directo con la pobreza, la desigualdad y la explotación que sufrían amplios sectores de la población, especialmente los campesinos, los indígenas y los trabajadores.
Las experiencias vividas durante este viaje fueron determinantes en la formación ideológica de Guevara. Al observar las duras condiciones de vida en las minas chilenas, la marginación de las comunidades indígenas en Perú y la precariedad de los enfermos en leprosarios, el joven estudiante de medicina comenzó a desarrollar una visión crítica del sistema capitalista y de las estructuras de poder en América Latina. Estas vivencias quedaron plasmadas en sus diarios de viaje, donde ya se percibe una evolución hacia una postura revolucionaria y un compromiso con la transformación social. A partir de entonces, Guevara dejó de concebir su profesión únicamente como una herramienta para curar enfermedades individuales, y comenzó a entenderla como parte de una lucha más amplia contra las causas estructurales de la pobreza.
Tras completar sus estudios de medicina en 1953, Guevara emprendió un nuevo viaje por América Latina que lo llevó a Guatemala, donde presenció el gobierno reformista de Jacobo Árbenz y su posterior derrocamiento en 1954 mediante un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos. Este acontecimiento tuvo un impacto profundo en su pensamiento político, consolidando su rechazo al imperialismo y su convicción de que los cambios sociales solo podían lograrse mediante la lucha revolucionaria. Tras el golpe, Guevara se exilió en México, donde conocería a Fidel Castro y a otros exiliados cubanos que planeaban derrocar al dictador Fulgencio Batista.
El encuentro con Fidel Castro en 1955 marcó el inicio de una etapa decisiva en la vida del Che. Convencido de la necesidad de una revolución en Cuba, Guevara se unió al Movimiento 26 de Julio y participó en la preparación de la expedición del yate Granma, que zarpó en 1956 rumbo a la isla. A pesar de las dificultades iniciales, los sobrevivientes del desembarco lograron reorganizarse en la Sierra Maestra, donde iniciaron una guerra de guerrillas contra el régimen de Batista. Durante este periodo, Guevara destacó no solo como combatiente, sino también como estratega, médico y líder político, ganándose el respeto de sus compañeros y consolidando su papel dentro del movimiento revolucionario.
A lo largo de la lucha en la Sierra Maestra, el Che demostró una gran capacidad organizativa y un fuerte compromiso ideológico. Fue responsable de diversas acciones militares exitosas, como la toma de Santa Clara en diciembre de 1958, una victoria clave que precipitó la caída del régimen de Batista. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959, Guevara se convirtió en una figura central del nuevo gobierno, ocupando diversos cargos de responsabilidad, entre ellos el de presidente del Banco Nacional de Cuba y ministro de Industria.
Durante su etapa en el gobierno cubano, el Che Guevara impulsó políticas orientadas a la industrialización del país, la reforma agraria y la construcción de una sociedad socialista. Sin embargo, también enfrentó importantes desafíos, como la falta de recursos, el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y las tensiones internas dentro del propio gobierno. Guevara defendía una visión del socialismo basada en la creación de un «hombre nuevo», motivado no por incentivos materiales, sino por valores éticos y revolucionarios. Bajo esta premisa, promovió incansablemente el trabajo voluntario como una herramienta para forjar la conciencia social y el deber moral hacia la comunidad. Esta perspectiva lo llevó a criticar tanto el capitalismo como ciertas prácticas del socialismo soviético, lo que generó fricciones en el contexto de la Guerra Fría.
A mediados de la década de 1960, el Che decidió abandonar sus cargos en Cuba para dedicarse a la promoción de la revolución en otros países del mundo. Convencido de que la lucha armada era el camino para liberar a los pueblos oprimidos, participó en movimientos revolucionarios en África, especialmente en el Congo, aunque sin éxito. Posteriormente, se trasladó a Bolivia, donde intentó organizar una guerrilla rural con el objetivo de expandir la revolución por América Latina.
La campaña en Bolivia, sin embargo, resultó ser un fracaso. Guevara y su grupo enfrentaron múltiples dificultades, como la falta de apoyo local, problemas logísticos y la persecución constante por parte del ejército boliviano, con la colaboración de la CIA. Finalmente, el 8 de octubre de 1967, el Che fue capturado en la Quebrada del Yuro, y al día siguiente fue ejecutado en la localidad de La Higuera. Su muerte marcó el fin de su actividad revolucionaria, pero también el inicio de su transformación en un símbolo global.
Tras su muerte, la figura del Che Guevara adquirió una dimensión mítica. Su imagen, inmortalizada en la famosa fotografía tomada por Alberto Korda, se convirtió en un ícono de la lucha revolucionaria, la rebeldía y el compromiso político. Para muchos, el Che representa la resistencia contra la opresión y la injusticia; para otros, su legado está marcado por la controversia, debido a su papel en procesos revolucionarios que incluyeron episodios de violencia y represión.
En el ámbito ideológico, el pensamiento del Che sigue siendo objeto de estudio y debate. Sus escritos sobre la guerrilla, el socialismo y la ética revolucionaria han influido en numerosos movimientos políticos y sociales en todo el mundo. Obras como “El socialismo y el hombre en Cuba” o “La guerra de guerrillas” reflejan su visión de un cambio radical en la sociedad, basado en la igualdad, la justicia y la solidaridad.
-Alberto Korda: el ojo de la revolución y el nacimiento del ‘Guerrillero Heroico’
Alberto Korda, cuyo nombre real era Alberto Díaz Gutiérrez, nació en 1928 en La Habana, Cuba, y se convirtió en uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX, especialmente por su estrecha relación con la Revolución Cubana. Antes de dedicarse plenamente a la fotografía documental, trabajó en publicidad y moda, lo que le permitió desarrollar un estilo visual elegante y técnico que más tarde trasladaría a su trabajo político. Tras el triunfo de la Revolución Cubana, Korda pasó a ser el fotógrafo oficial de Fidel Castro, acompañándolo en numerosos actos y viajes, lo que le permitió documentar desde dentro los primeros años del nuevo gobierno. Su obra se caracteriza por un fuerte sentido humano, buscando capturar no solo la dimensión política, sino también la emocional y simbólica de sus protagonistas.
La fama internacional de Korda se debe principalmente a su icónica fotografía titulada Guerrillero Heroico, tomada el 5 de marzo de 1960 durante un acto fúnebre en La Habana por las víctimas de la explosión del barco La Coubre. En esa imagen aparece Ernesto “Che” Guevara con una expresión intensa, mirada firme y gesto decidido, que transmite una mezcla de desafío, idealismo y determinación. La fotografía, originalmente una de varias tomadas ese día, no tuvo un impacto inmediato; sin embargo, con el paso del tiempo se convirtió en una de las imágenes más reproducidas de la historia, transformándose en un símbolo global de resistencia, revolución y rebeldía juvenil. Su difusión masiva comenzó tras la muerte del Che en 1967, cuando el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli la utilizó para carteles que se expandieron por todo el mundo.
A diferencia de muchos fotógrafos, Korda nunca buscó lucrarse con esta imagen, lo que contribuyó aún más a su aura simbólica. Defendía que la fotografía debía servir a causas sociales y no al enriquecimiento personal, aunque en años posteriores emprendió acciones legales contra usos comerciales que consideraba inapropiados, especialmente cuando la imagen del Che era utilizada para fines que contradecían sus ideales. La potencia visual del “Guerrillero Heroico” radica en su simplicidad compositiva: el fondo neutro, el encuadre cerrado y la luz natural centran toda la atención en el rostro del Che, convirtiéndolo en un ícono atemporal comparable a las grandes imágenes de la historia del arte y la propaganda política.
Alberto Korda falleció en 2001 en París, dejando un legado que trasciende la fotografía para instalarse en la cultura visual global. Aunque produjo miles de imágenes a lo largo de su carrera, ninguna alcanzó el impacto cultural de “Guerrillero Heroico”, que sigue siendo reinterpretado en contextos políticos, artísticos y comerciales en todo el mundo. Su obra, en conjunto, representa no solo un testimonio de una época decisiva en Cuba, sino también un ejemplo de cómo una sola fotografía puede moldear la percepción colectiva de un personaje y convertirse en un símbolo universal que perdura más allá de su contexto original.
-Celia Sánchez Manduley: la memoria viva de la Revolución Cubana
Celia Sánchez Manduley fue una de las personalidades más
influyentes y, al mismo tiempo, más discretas de la historia de la
Revolución Cubana. Nació el 9 de mayo de 1920 en Media Luna, en la
antigua provincia de Oriente, en el seno de una familia relativamente
acomodada para los estándares rurales de la época, lo que le
permitió acceder a cierta formación educativa. Sin embargo, desde
muy joven mostró una sensibilidad especial hacia las desigualdades
sociales que marcaban la realidad de Cuba en la primera mitad del
siglo XX. Esa conciencia temprana, unida a su carácter decidido y a
una notable capacidad de organización, fue definiendo su inclinación
hacia el activismo político mucho antes de incorporarse formalmente
a la lucha revolucionaria.
En sus primeros años, Celia
desarrolló una fuerte conexión con su entorno rural y con las
problemáticas de los campesinos de la región oriental del país.
Este contacto directo con la pobreza y la falta de acceso a servicios
básicos influyó profundamente en su visión del mundo. Con el paso
del tiempo, comenzó a vincularse con círculos opositores al régimen
de Fulgencio Batista, especialmente a través de redes clandestinas
que apoyaban la lucha armada y la resistencia política. Su
participación inicial no fue pública ni visible, sino que se centró
en tareas organizativas y logísticas que, aunque poco reconocidas en
su momento, resultaron esenciales para el desarrollo del movimiento
revolucionario.
Su incorporación al proceso revolucionario
liderado por Fidel Castro marcó un punto de inflexión en su vida.
Durante la etapa de la guerrilla en la Sierra Maestra, Celia Sánchez
se convirtió en una figura clave dentro del aparato de apoyo del
Ejército Rebelde. Fue responsable de establecer rutas seguras,
coordinar el suministro de armas, alimentos y medicamentos, y
mantener la comunicación entre los distintos frentes de combate y
las redes clandestinas en las ciudades. Su conocimiento del terreno
oriental cubano y su extraordinaria capacidad para la planificación
la hicieron indispensable en la estructura del movimiento. Además,
desarrolló una relación de confianza directa con Fidel Castro,
convirtiéndose en una de sus colaboradoras más cercanas durante
toda la campaña insurreccional.
Tras el triunfo de la
Revolución en 1959, su papel no solo continuó, sino que se amplió
hacia nuevas responsabilidades de carácter institucional e
histórico. Celia Sánchez asumió la tarea de preservar la memoria
documental de la Revolución, recopilando cartas, testimonios,
fotografías y objetos relacionados con la lucha guerrillera. Este
trabajo fue fundamental para la construcción de los archivos
históricos del proceso revolucionario cubano. Paralelamente,
participó activamente en la planificación de proyectos sociales de
gran envergadura, incluyendo iniciativas en educación, salud
pública, arquitectura y desarrollo agrícola. Su influencia se
extendía a múltiples ámbitos, siempre desde una posición de
trabajo constante y discreto, sin buscar protagonismo público.
A
nivel personal, Celia Sánchez fue descrita por quienes la conocieron
como una mujer de carácter firme, disciplinado y extremadamente leal
a sus convicciones. Su estilo de liderazgo no se basaba en la
exposición pública, sino en la eficiencia, la organización y la
dedicación absoluta al trabajo. Era conocida por su capacidad de
atención al detalle y por su memoria excepcional, cualidades que la
convirtieron en una figura clave para la reconstrucción histórica
de los primeros años de la Revolución. A pesar de su cercanía con
las principales figuras del gobierno revolucionario, mantuvo siempre
un perfil bajo y una vida centrada en el trabajo.
Celia Sánchez
falleció el 11 de enero de 1980 en La Habana, dejando tras de sí un
legado profundamente ligado a la construcción del Estado
revolucionario cubano y a la preservación de su memoria histórica.
Su figura ha sido reconocida como una de las más importantes dentro
del proceso revolucionario, no solo por su participación directa en
la lucha armada, sino también por su contribución silenciosa pero
decisiva en la organización del país tras 1959. En la
historiografía cubana, se le recuerda como una mujer excepcional,
cuya vida estuvo completamente dedicada a la causa revolucionaria, y
cuya influencia se mantiene viva en múltiples instituciones y
relatos oficiales de la historia de Cuba.
-El peso cubano
La historia del peso cubano es un reflejo directo de la evolución política, económica y social de Cuba desde la época colonial hasta la actualidad. Sus antecedentes se remontan al período colonial español, cuando en la isla circulaban diversas monedas extranjeras, principalmente el real español, junto con monedas de otros imperios y sistemas de trueque en economías locales. Durante siglos, Cuba no tuvo una moneda nacional propia, sino que dependía del sistema monetario impuesto por la metrópoli española, lo que limitaba su autonomía económica. Tras la independencia formal de España en 1898, y la posterior ocupación e influencia de Estados Unidos, la situación monetaria cambió profundamente, ya que el país pasó a utilizar de manera creciente el dólar estadounidense, lo que marcó una etapa de fuerte dependencia económica y financiera respecto a Estados Unidos.
La creación del primer peso cubano en 1915 tuvo su origen legal en la Ley de Defensa Económica de 1914, la cual estableció un sistema monetario propio antes de la existencia de un banco central. Al no contar con una entidad bancaria nacional, la emisión de esta moneda recaía directamente en la Dirección General del Tesoro, subordinada a la Secretaría de Hacienda. El aspecto más relevante de este periodo fue la instauración de una paridad de uno a uno con el dólar estadounidense, bajo un esquema donde el peso cubano se encontraba plenamente respaldado tanto por reservas de oro como por la estrecha vinculación con la economía de los Estados Unidos.
El
verdadero desarrollo del sistema monetario cubano
moderno comenzó a mediados del siglo XX, cuando en 1948
se creó el Banco Nacional de Cuba,
una institución destinada a funcionar como banco central del país,
encargada de la emisión de moneda, la regulación del sistema
financiero y la gestión de la política monetaria. Antes de su
creación, la actividad bancaria en Cuba estaba dominada por bancos
comerciales y una fuerte influencia del sistema financiero
estadounidense, lo que hacía que la economía cubana dependiera en
gran medida del dólar y de decisiones externas. Con el
establecimiento del Banco Nacional de Cuba se dio un paso importante
hacia una mayor organización y soberanía financiera, aunque en la
práctica la economía seguía profundamente vinculada al comercio
exterior, especialmente al azúcar, y al entorno económico de
Estados Unidos.
Con el
triunfo de la Revolución Cubana en 1959, se produjo un cambio
radical en el sistema económico y monetario del país. El nuevo
gobierno, liderado por Fidel Castro, implementó reformas profundas,
incluyendo la nacionalización de empresas y la centralización de la
economía. En este contexto, el peso cubano pasó a ser la única
moneda oficial y se restringió progresivamente el uso del dólar
estadounidense. Durante las décadas de 1960 a 1980, el sistema
monetario funcionó bajo una economía planificada, con un tipo de
cambio fijo y una fuerte regulación estatal. El peso cubano, sin
embargo, no era libremente convertible y su valor estaba determinado
administrativamente, lo que lo alejaba de los mercados
internacionales y limitaba su poder adquisitivo real fuera del
país.
El colapso de la Unión Soviética en 1991 provocó
una crisis económica profunda en Cuba, conocida como el “Período
Especial”. La pérdida de su principal socio comercial generó
escasez de divisas y una fuerte contracción económica. En este
contexto, el gobierno cubano tomó la decisión de legalizar
nuevamente la circulación del dólar estadounidense en la década de
1990, lo que dio lugar a una dualidad monetaria en la isla.
Posteriormente, se introdujo el peso convertible (CUC), una moneda
diseñada para transacciones vinculadas al turismo y al comercio en
divisas, mientras el peso cubano (CUP) se mantuvo para salarios y
consumo básico interno. Este sistema dual generó importantes
desigualdades económicas y complejidades en la vida cotidiana de la
población.
En años más recientes, el gobierno cubano ha
intentado reformar nuevamente su sistema monetario. En 2021 se llevó
a cabo un proceso de unificación monetaria que eliminó oficialmente
el CUC, dejando al peso cubano (CUP) como única moneda nacional.
Este cambio buscaba simplificar la economía y mejorar la
transparencia contable del país, aunque también generó ajustes
inflacionarios y dificultades de adaptación en la población. Hoy en
día, el peso cubano continúa siendo el eje del sistema monetario
nacional, aunque su valor y estabilidad siguen enfrentando desafíos
significativos debido a factores estructurales, restricciones
externas y la compleja situación económica del país.
-Entre la escasez y la reforma: Cuba después de la Unión Soviética 1991–2006
La historia de Cuba en el
periodo que va desde el llamado “Periodo Especial” hasta la
llegada efectiva de Raúl Castro al poder en 2006 es, en realidad, la
historia de una profunda crisis estructural, de adaptación forzada y
de lenta reconfiguración del modelo socialista cubano tras la
desaparición del principal sostén económico y político de la
isla: la Unión Soviética. Para entender ese momento, sin embargo,
conviene retroceder ligeramente a los años finales de la década de
1980, cuando el sistema cubano ya mostraba una fuerte dependencia del
bloque socialista. Durante décadas, Cuba había construido su
economía en torno a una relación privilegiada con la URSS, basada
en la exportación de azúcar a precios preferenciales y la
importación de petróleo barato, maquinaria y alimentos. Este
esquema, que sostenía tanto la economía como buena parte de la
legitimidad del proyecto revolucionario iniciado en 1959 bajo el
liderazgo de Fidel Castro, comenzaba a mostrar vulnerabilidades: la
baja productividad interna, la dependencia del monocultivo azucarero
y el aislamiento del mercado global capitalista dejaban al país en
una posición extremadamente frágil.
Con la caída del
bloque soviético entre 1989 y 1991, y la disolución formal de la
Unión Soviética en 1991, Cuba perdió de golpe alrededor del 80 %
de su comercio exterior. Este choque dio inicio al llamado “Periodo
Especial en tiempos de paz”, una expresión que el propio gobierno
utilizó para describir una etapa de supervivencia económica
extrema. En la práctica, significó una contracción brutal del PIB,
la casi paralización del transporte por falta de combustible, cortes
eléctricos prolongados, escasez alimentaria severa y un deterioro
generalizado del nivel de vida. La población cubana experimentó un
regreso a condiciones de austeridad muy duras: se redujo
drásticamente el consumo de proteínas, reapareció el transporte en
bicicleta de manera masiva, y el sistema de racionamiento, ya
existente, se volvió insuficiente para cubrir necesidades
básicas.
Durante la década de 1990, el Estado cubano
respondió con una combinación de medidas de emergencia y reformas
limitadas que buscaban evitar el colapso total sin renunciar al
modelo socialista. Se permitió parcialmente la circulación del
dólar estadounidense, se impulsó el turismo internacional como
fuente de divisas y se autorizaron ciertas formas de trabajo por
cuenta propia en sectores muy específicos. También se promovieron
empresas mixtas con capital extranjero, especialmente en el turismo y
la explotación de recursos naturales como el níquel. Estas
reformas, sin embargo, fueron cuidadosamente controladas para evitar
una transformación estructural hacia una economía de mercado.
Paralelamente, el gobierno reforzó su discurso ideológico, apelando
a la resistencia nacional y al legado revolucionario como elementos
de cohesión social frente a la crisis.
En este contexto,
el sistema político cubano se mantuvo altamente centralizado bajo la
figura de Fidel Castro, quien continuó liderando el país como
presidente y comandante en jefe. A pesar de las dificultades
económicas, el Estado preservó pilares fundamentales como la
educación y la salud pública, que siguieron siendo presentados como
logros centrales del modelo cubano. Sin embargo, las tensiones
sociales aumentaron: el “Período Especial” también estuvo
marcado por episodios de descontento, como el “Maleconazo” de
1994, una protesta espontánea en La Habana que reflejaba el
agotamiento de parte de la población.
A finales de los
años noventa y principios de los 2000, la economía cubana comenzó
una recuperación lenta pero incompleta, impulsada en gran parte por
el turismo internacional, las remesas enviadas por la diáspora
cubana en Estados Unidos y el apoyo de nuevos aliados políticos y
económicos como Venezuela bajo Hugo Chávez. Esta nueva alianza
permitió cierta estabilización mediante acuerdos de suministro de
petróleo a cambio de servicios médicos cubanos. Aun así, la
estructura económica seguía siendo frágil, dependiente del
exterior y con baja productividad interna. En paralelo, el gobierno
mantuvo un control político estricto, mientras se ajustaba
gradualmente el sistema a una nueva realidad internacional sin el
respaldo soviético.
En los primeros años del siglo XXI, la cuestión de la sucesión política comenzó a cobrar relevancia debido al envejecimiento de los líderes históricos de la revolución. Raúl Castro, hermano de Fidel Castro y figura clave dentro del aparato militar y del Partido Comunista, fue adquiriendo un papel cada vez más importante en la gestión cotidiana del Estado. A diferencia de Fidel, Raúl era percibido como un dirigente más pragmático, con una visión más inclinada hacia reformas económicas controladas y hacia la institucionalización del sistema político. Desde comienzos de los años 2000, ya ejercía una influencia significativa en la reorganización de las Fuerzas Armadas y en la administración económica, promoviendo una mayor eficiencia en sectores estratégicos.
El punto de inflexión llegó en 2006, cuando la salud de Fidel Castro se deterioró gravemente tras una intervención quirúrgica. En julio de ese año, Fidel delegó provisionalmente el poder en Raúl Castro, quien asumió la dirección del país de manera interina. Este traspaso no significó aún un cambio de sistema, pero sí marcó el inicio de una nueva etapa política: por primera vez desde 1959, el liderazgo efectivo de Cuba quedaba en manos de otra figura dentro de la misma generación revolucionaria. A partir de ese momento, Raúl comenzó a impulsar discretamente reformas orientadas a modernizar la economía, reducir ciertas ineficiencias estatales y preparar el terreno para transformaciones más profundas que se consolidarían en los años posteriores a su asunción formal de la presidencia en 2008.








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